sábado, 7 de febrero de 2015

Realidad

 Quise volver a mostrar la sonrisa que solía adornar a menudo mi rostro. Sabía que lo hacía falta tiempo. Tiempo para empezar a aceptarme tal y como era, para desmostrarle al mundo que podía ser yo, sin que nadie influyera en la toma de mis propias decisiones.
 Me tumbé en el jardín, La hierba me rozaba los brazos y la brisa provocaba una sensación de comodidad en un día de verano. No hacía falta concentrarse para empezar a recordar.

 Era cierto que a estas alturas había tocado fondo, que había sido imposible detener mi caída, pero cuando descubrí la oscuridad, la temible e interminable oscuridad, me ahogué en un mar de lágrimas.

 Yo, queriendo ser lo que todos quisieran estaba completamente equivocada. No tenía que hacer lo que los demás desearan, jamás dabería haberlo hecho. Ahora que era consciente de todo lo que había echo mal, tuve que levantar la vista y ver cuántos escalones faltaban para llegar nuevamente a la cima. Admito que el camino era terriblemente oscuro, que imponía, pero sabía que si me concentraba podría llegar.

 Subía un escalón tras otro. Derrepente uno de ellos comenzó a hundirse bajo mis propios pies y tuve que correr. Caí un par de veces y tuve que volver a empezar. El agotamiento me inundaba, pero había algo, una chispa encendida que me animaba a ascender. Volví a empezar. Solo me faltaban un par de escalones y fue entonces cuando el último empujón me ayudó a salir a la claridad.

 Entonces todo había cambiado, veía las cosas de otra manera, amaba el mundo fuera como fuere.